Es, tal vez, la noticia más prometedora de la semana: el consorcio biotecnológico Moderna comenzó las primeras pruebas de su prototipo de vacuna para el coronavirus. Y el hito no solo está marcado por el inicio de las pruebas, sino, por lo prometedor de los resultados: de los 45 pacientes inoculados, ninguno presentó síntomas secundarios adversos importantes. Y mejor aún, todos lograron generar anticuerpos.

Estaba previsto que los voluntarios fueran inoculados con tres dosis distintas del virus. Pero las dosis más bajas fueron suficientes para generar anticuerpos, por lo que los investigadores desestimaron inyectarlos con la dosis más alta, sencillamente por ser innecesario. Eso generaría menores posibles efectos secundarios en el futuro.

Las pruebas fueron tan auspiciosas, que en julio se iniciará una segunda fase de pruebas, con muchos más voluntarios, lo que de no mediar sorpresas -que podría haberlas- augura que la vacuna podría comenzar su producción tan pronto como en septiembre.

No es el único proyecto de vacuna bien cimentado. La U. de Oxford (Gran Bretaña) inició en abril la primera fase de ensayos clínicos, con voluntarios sanos de entre 18 y 55 años. Más de más de 1.000 vacunas fueron inyectadas entre los voluntarios, cuyo seguimiento está en curso.

“Los estudios clínicos están progresando muy bien”, afirmó Andrew Pollard, jefe del grupo de vacunas de Oxford, en un comunicado.

Aunque el experto no ha querido estimar el tiempo en que la vacuna esté disponible en el mercado, la universidad y el gigante farmacéutico británico AstraZeneca tienen un acuerdo comercial: si se confirma la eficacia de la vacuna, se fabricarán entre 30 millones y 100 millones de dosis en el Reino Unido para septiembre.

No son los únicos. Según los registros de la Organización Mundial de la Salud (OMS), existen otros seis proyectos que ya iniciaron los ensayos clínicos, de un total de 118 proyectos alrededor del mundo, incluyendo uno chileno.

Hidroxicloroquina mortal

Donald Trump y Jair Bolsonaro se jactaron de utilizar hidroxicloroquina como medida de prevención contra la Covid-19. Pero tan pronto se ufanaron de su terapia, cientos de científicos alrededor del mundo alertaron no solo de la inefectividad de esta práctica, sino también del peligro que representa.

Además, ayer se dio a conocer un estudio publicado en la revista The Lancet que desmitifica que su uso sea beneficioso. Por el contrario, la investigación, que analizó a cerca de 100.000 enfermos, descartó que la cloroquina y la hidroxicloroquina sean eficaces contra el nuevo coronavirus, y por el contrario, afirmó que ambos medicamentos aumentan incluso el riesgo de morir.

La hidroxicloroquina se usa normalmente para tratar enfermedades como la artritis, mientras que la cloroquina es un antipalúdico.

En su estudio, los científicos compararon los resultados de cuatro grupos: quienes fueron tratados solo con hidroxicloroquina, solo con cloroquina y dos grupos que recibieron uno de los dos combinado con antibióticos.

También había un grupo de control de pacientes que no recibieron ninguno de estos tratamientos. Al final del estudio, 9% de estos murieron.

Entre quienes fueron tratados solo con hidroxicloroquina y cloroquina, murieron respectivamente 18% y 16,4%.

Con antibióticos, fallecieron 22,8% de los que recibieron cloroquina y 23,8% de los que tomaron hidroxicloroquina.

A partir de estos datos, los autores del estudio estimaron que con estos medicamentos los pacientes tenían un 45% más riesgo de morir que quienes sufrían ya algunas patologías.

La lluvia no se lleva el Covid

Muchos pensaron que la invernal lluvia que cayó este miércoles en gran parte de la zona central, tendría un especie de efecto “higienizante” sobre los cielos, literalmente lavando el aire del coronavirus.

Pero Nicolás Muena, virólogo de la Fundación Ciencia & Vidaaclaró en un artículo publicado por Qué Pasa que la lluvia no tendría el efecto limpiador que podría pensarse. “El virus se transmite principalmente por microgotitas que se expelen al toser o estornudar, a través del contacto estrecho entre personas, de manera que el virus no queda flotando en el aire. Así la lluvia no sería ningún factor relevante en cuando a la limpieza del aire”, explica.

Pero le contrario, Claudio Castillo, académico de Salud Pública de la Universidad de Santiagoaclaró que “no es propiamente el frío o la lluvia lo que genera mayor o menos circulación del virus, sino los efectos que generan. Las personas se hacinan más, buscando abrigo. Así no se pueden cumplir las recomendaciones de distancia física. También la gente se lava menos las manos, porque el agua está fría, pensando en quienes tienen menores ingresos y no tienen agua caliente en el lavamanos. Y se producen aglomeraciones también, por ejemplo, cuando se abren albergues para las personas en situación de calle”.

Malas noticias entonces: la lluvia no se llevó al coronavirus.

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